El nacimiento de un
hijo es un momento de extrema vulnerabilidad en el que la mujer y el bebé
merecen todo el respeto del mundo. Ponerse por encima de sus deseos, el abuso
de poder, las amenazas, la desinformación, impedir que la madre decida con la
excusa de que es "por su bien" es una forma de anularla.
En
el ámbito físico esta violencia se traduce en prácticas invasivas, tales como:
el tacto realizado por más de una persona, la episiotomía de
rutina, el uso de fórceps, la maniobra de Kristeller, el
raspaje de útero sin
anestesia, una cesárea sin justificación médica y el suministro de medicación
innecesaria.
Mientras
que la violencia obstétrica sicológica se manifiesta en un trato deshumanizado
mediante la utilización de un lenguaje inapropiado y grosero, discriminación, humillación, burlas y críticas respecto al
estado de la mujer y su hijo También es la omisión de información sobre la
evolución del embarazo por parte de los profesionales de salud.
No sólo son los malos
modos, también es el practicar intervenciones sin su consentimiento anulando su
capacidad de decidir y por supuesto, no respetando tampoco los derechos del
recién nacido, como por ejemplo la no-separación de la madre.
Como maltrato hacia
la mujer, la violencia obstétrica debería ser considerada una forma de violencia de
género. Lamentablemente hay poca conciencia en la sociedad
sobre este tipo de violencia, pero existe y es tan denunciable como cualquier
otra.
Para
algunos puede resultar exagerado, al fin y al cabo, si se acaba dando a luz a
un niño sano, ¿de qué te quejas?, se preguntan. Sin embargo, muchas mujeres que
han pasado por estas situaciones quedan marcada como heridas profundas, a
veces emocionales, a veces también físicas, que no se olvidan solo porque
"lo importante es que el niño esté bien". Por eso, y porque esta
violencia obstétrica es innecesaria y está contraindicada científicamente, es
necesaria esta concienciación.
Test de violencia obstétrica
Mientras estabas internada en la clínica u
hospital, con contracciones de trabajo de parto,
1. ¿El
personal de salud hacía comentarios irónicos, descalificadores o en tono de
chiste acerca de tu comportamiento?
2. ¿Te
trataron con sobrenombres (gorda) o diminutivos (gordita-mamita-hijita) como si
fueras una niña incapaz de comprender los procesos por los cuales estás
atravesando?
3.
¿Fuiste criticada por llorar o gritar de dolor, emoción, alegría, durante el
trabajo de parto y/o el parto?
4. ¿Te
fue difícil o imposible preguntar o manifestar tus miedos o inquietudes porque
no te respondían o lo hacían de mala manera?
5. ¿Se
realizaron alguno o varios de los siguientes procedimientos médicos sin pedirte
consentimiento o explicarte por qué eran necesarios? Rasurado de genitales –
Enema – Indicación de permanecer acostada todo el tiempo – Rotura artificial de
bolsa – Administración de medicación o goteo para “apurar” el parto – Tactos
vaginales reiterados y realizados por diferentes personas – Compresión del
abdomen en el momento de los pujos – Episiotomía – Cesárea – Raspaje del útero
sin anestesia
6. En el
momento del parto, ¿te obligaron a permanecer acostada boca arriba aunque
manifestaras tu incomodidad en esa posición?
7.
¿Fuiste obligada a quedarte en cama impidiéndote caminar o buscar posiciones
según tus necesidades?
8. ¿Se te
impidió estar acompañada por alguien de tu confianza?
9. ¿Se te
impidió el contacto inmediato con tu hija/o recién nacido antes de que se lo
llevara el neonatólogo para control? (acariciarlo, tenerlo en brazos, verle el
sexo, hablarle, darle el pecho, etc.)
10.
Después del parto, ¿Sentiste que no habías estado a la altura de lo que se
esperaba de ti (que no habías “colaborado”)?
11.
Podrías decir que la experiencia de la atención en el parto ¿te hizo sentir
vulnerable, culpable o insegura?
Si la respuesta a cualquiera de estas preguntas es
sí,
Fuiste víctima de violencia obstétrica.
Fuente: Colectiva Maternidad Libertaria